jueves, junio 25

Silencio Soledad Sueño


- A ti nunca te apetece estar a solas, ¿o qué?
- No, la verdad es que no.
- Pues a mi sí...
- Mira que eres rara
- Tú sí que eres raro que no sabes lo q es paladear la soledad
- La soledad es una mierda
- La soledad impuesta, no la elegida
- la misma mierda es
- Además de raro, bruto.
- ¿Sabes lo que te digo? que aquí te dejo, "sola" contiga misma, a ver si te empachas


Carlos se giró y a su salida cerró la puerta con brusquedad. Ella le siguió con la mirada, hasta que se topó con la puerta. Estaban condenados a no entenderse, a vivir en mundos diferentes a pesar de compartir el mismo techo. A levantar taquiques entre sus almas. Y qué paradoja, sus cuerpos, seguían en completa comunión cada noche, entregándose plenamente como si fueran almas gemelas.

Apoyó su cabeza en la ventana, mientras un mechón de pelo vino a acariciar su mejilla. El cielo se iba encapotando, olía a tormenta, las nubes borraban el poco azul que quedaba en el infinito, hasta que todo se hizo gris. Puso su mano en el cristal, frío y húmedo, y las ganas de llorar se agolparon en su garganta.
- ¿Cómo se puede estar rodeada de tanta gente y a la vez tan sola?

Se sintió como esa pequeña gota que recorre, nerviosa y veloz, la ventana... Tan pequeña, tan frágil.... tan etérea. Hecha cien por cien de agua, de materia líquida quebrantable.

Silencio. Silencio y agua. Su dedo índice seguía la ruta de la gota, hasta q moría en el marco, absorbida por la madera blanca. Tenía frío y sueño. Tenía ganas de soñar, pero hacía mucho que no se acordaba de los sueños. Estaba convencida de que había perdido esa cualidad que la fascinaba, ser capar de recordar los estrafalarios capítulos que en su mente se tejían cada noche.

La vida había cambiado. Ahora quería mas silencio. Y la obsesión por la carencia de sueños la sumía en un insomnio perjudicial para la salud. Estaba irascible, enajenada... y cansada.

Las lágrimas se trenzaron con las gotas de lluvia, y poco a poco, mientras la tormenta desdibujaba el paisaje y el silencio hueco de la tarde se dilataba, Blanca cayó presa del sueño, de la cadencia blanda de la inconsciencia, con el peso de los párpados sobre su alma. Pesando como nunca. Soñando como siempre.