viernes, julio 3

Desmontando a Tetuán


Ayer empezaban las fiestas de mi barrio, y la verdad es que me sorprendió el cartel con el que arrancaban: La excepcion. Ole, vamos chaaaaachoooo!! Sí señor... Mientras combatíamos el calor con unas refrescantes cañas en la Plaza de la Remonta, escenario improvisado para los gigantes y cabezudos, cacharritos para los mas peques, y puestecillos varios de gallinejas, entresijos y fritanga varia, intentábamos procesar el pregón de una tal Ely del Valle. Mis contertulios me explicaron que era una presentadora de Telemadrid. Y claro, aqui una servidora no ve Telemadrid. Mi religión me lo prohibe. Aun así, Ely o no Ely, no entendimos un carajo. Pero la plaza se iba animando conforme el calor iba cediendo.
Rememoramos Verano azul mientras degustamos unos huevos rotos con chaquetes, continuamos homenajeando a Madrid con unas papas bravas y nos acordamos también de la sepia a la plancha.
La excepción ya estaba en el escenario ultimando detalles antes de empezar la actuación, así que una vez pagada la cuenta y habiendo refrescado nuestros gaznates con chupitos que el bar tuvo a bien de convidarnos, nos acercamos a la humareda de los puestos de comida, al lado del escenario, e intentamos buscar un hueco majo en el que apalancarnos.
Empieza el espectáculo. Un desfile de chonis y macarrillas nos rodean, y se pasan porros. Ellas con grandes aretes dorados, con el tanga fuera y unos taconazos de vértigo de plasticurri (con los que de solo verlos, sufro en silencio); ellos con piercings en la ceja, tatuajes varios, camisetas ajustadas, y por supuesto el gayumbo de Calvin Klein asomando por debajo de sus ombligos, cuidadosamente depilados. El ambiente huele a gallinejas, costo, pis y ejjjque. Brutal. Después atisbo a mi derecha un grupo de exyokis pasados de rosca en los ochenta que ahora sobreviven con cuerpos malogrados y ojeras perennes. Con hijos colgados del cuello, tatuajes a medio borrar y ojos desbocados, ellos van con su bolsa nevera atada a unas ruedas, y nos venden de estraperlo a un leru la lata de cerveza de medio litro. "Con dó de et-tas te hacen un litro, tu".
Por supuesto los abuelos, con los nietos que están de vacaciones, que nunca faltan a cualquier fiesta que se precie aunque echen en falta alguna jotica o un pasodoble, es gratis, así que ahí están, en primera fila, con sus zapatillas de fieltro de estar por casa, ellas con sus batas floreadas, ellos con las manos a la espalda y esta ligeramente encorvada, pensando "cagüendié, qué mierda es esta, en mis tiempos sí que se hacía música güena".
También los inmigrantes forman parte activa en la fiesta, tanto vendiendo platos de gallinejas como bailoteando con los críos, tan felicianos ellos. Los niños con piel cetrina y esos ojos enormes, sonriendo ante las lucecitas de colores.
Este es mi barrio, un crisol de tribus urbanas, donde la edad se desdibuja para crear una convivencia mixta y única que sólo es posible encontrar en barrios obreros como el mío.
Y La excepción se despide, el gentío pide otra canción, es la una menos cuarto de la madrugada. Y allí parece que nadie trabaja al día siguiente. Es gratis, ¡¡qué carallo!! Hagamos hoy una excepción!! Vivan las fiestas de Tetuán!! Vivá!!