lunes, septiembre 13

Crisis nuestra de todos los días...


Es la palabra mágica, ingrediente estrella de de todos los sofritos y las 6 letras que parecen justificarlo todo. Estoy pelín harta del abuso del vocablo, sobre todo por la clase política, que me tienen hasta las reales zamburiñas.

Y es que la tal Crisis, que vino el año pasado de visita, y como una suegra molesta o un tío lejano borrachuzo y manguisuelto, se quedó sin avisar, poco a poco, como quien no quiere la cosa. "Venga, un día más, y me voy" y así hasta el infinito y más allá.

La tal Crisis, llamemos aquí Cris por la confianza más que manida, después de tanto tiempo con nosotros (y lo que le queda, por que me ha dicho que está tan a gustico), me dice que qué necesidad tiene ella de irse. Que ninguna. Que ahora es feliz, por que es capaz de imponerse, que es más ella, que ahora se le respeta... Así que dejando a una servidora ojiplática, no me queda más remedio que decir:

- Cris, en serio, deberías mirarte esa soberbia...

Pero Crispis es lo suficientemente tozuda como para pasar tres kilos de mi, levantar el mentón y menear la melena mientras piensa "fuck you, darling!". Y si Cris quiere, todos nos jodemos. Ha cogido protagonismo y se lo tiene de un creído... angelico, si en el fondo es una petarda que le encanta verse en el papel couché.

Y es que Cris todo lo que toca, lo descojona. Lo peor de todo es que no acabamos de reaccionar. La Cris nos impone, nos asusta. Nos enmudece.

La huelga del 29 de septiembre es una mera pantomima, el cuento de la lechera. La gente está como seca por dentro, nadie cree a nadie, nadie confía en nadie... Y en este caldo de cultivo, Cris hace su agosto, obvio.

Como ejemplo ilustrativo del aborregamiento de las masas, ayer mismo, en el vuelo A Coruña - Madrid, un retraso de 2 horas, hizo que los pasajeros, entre los que me incluyo, estuviéramos a punto de amotinarnos, por que no había explicaciones, solo había tiempo perdido, cansancio, mala hostia, y esa sensación desagradable de que para las compañías aéreas somos lo último en su pirámide de intereses.

Aguantamos como benditos, la verdad, en una cola de dudosa creación, los nenes llorando, los padres resoplando... y ese olor a tigre que se va generando; un tema, oiga. Y aún así, calladicos. Tristemente acostumbrados a que lo normal siempre son los retrasos..

Una vez en el avión nos dicen, que por si no hubiéramos tenido suficiente con la horita tonta en el aeropuerto de A Coruña, nos iban a regalar una hora más tontorrona una vez embarcados por que de las 4 pistas que tiene Madrid, solo había una operativa... y que hasta que nos concedan el honor de aterrizar daremos unas cuantas de vueltas por el espacio aéreo cañí para echar la horica y conocer lo que viene siendo Madrid desde el aire... por fin empezamos a quejarnos, a decir algunos con acento gallego "eso no me lo creo yo, hoooombre" "desvengonzadiños son, coño!" "nos vamos a quedar sin aire que respirar, joder!"

Y después de dos horas extras haciendo nada en el avión, ni un triste caramelo, ni te ofrecen agua para los gaznates secos de las quejas... C'asco de compañía. Y no voy a a decir el nombre por que son todas igual de cutres salchicheras. Confirmado: El negocio del aire también está tocado por la Cris.

Afortunadamente me quedé KO una vez me senté en mi sitio. Supongo que tanta espera, el cansancio acumulado y las risas que nos echamos cuando el comandante nos agradeció que hubiéramos elegido su compañía, bla bla nos comunicó que ¡¡por fín!! aquello se ponía en marcha hicieron mella en mi cuerpo serrano. Las risas y los aplausos coparon el eco seco del avión.

Y es que las penas con risas, son menos...