lunes, marzo 22

El mal ajeno (y el propio también)

El mal ajeno es una de esas películas que te dejan con un rumiar incesante en la cabeza, rescatando cada fragmento, encajando otros, hilvanando una historia que se cuece a fuego lento.
Ciertamente, esta película es una gran apuesta, ya que tiene un punto de ficción no muy frecuente en las temática del cine español. Se arriesga, pero deja un buen sabor de boca. Una sensación extraña, ya que la ficción propiamente dicha, me produce rechazo, pero la integración del "don" especial que tiene el protagonista es necesario para el giro de da la historia. Y lo mejor es que no chirría demasiado. Queda integrado. Mimetizado y justificado.
Diego es un doctor que se ha congelado, emocionalmente hablando, después de años trabajando en el hospital. Sus sentimientos hacia los pacientes son nulos, es ajeno al dolor. Es indiferente al mal ajeno. Lo ve como parte inexorablemente necesaria para tratar diariamente cientos de casos duros y desgarradores.
El problema es que esas emociones suspendidas en la nevera de su casa, han saltado de su trabajo a su vida personal y es incapaz de sentir. Es seco, frío y de formas abruptas.
Algo ocurre en su vida cuadriculada que le descuadra, valga la redundancia, y le arrastra, sin él quererlo, ni muchos menos percatarse, a una nueva forma de ver todo aquello que le rodea: el dolor, la miseria, el desahucio, la infelicidad... A su propio dolor ante el mal ajeno.
Esta película trata precisamente del dolor ajeno y de uno mismo. Pero no solo de Diego, si no que ahonda en cada uno de nosotros. Quien no ha entrado en el metro y ante la mano abierta de una mujer que te pide una monedas para comer por que no tiene nada y su hijo está enfermo, y ha bajado la cabeza, pensando que si no vemos, no sentimos, nos alejamos de ese dolor tan manifiesto, tan ferozmente humano.
En fin, el dolor nos rodea, está ahí, tangible. Solo que hasta q no nos elige de primera mano, a través de algún familiar o a uno mismo, no somos conscientes de que existe un mal ajeno del que hacemos oídos sordos.